Semillas de uva

Mucha gente opta por desecharlas debido a su desagradable sabor, pero hay muy buenas razones para consumirlas.

Aunque las semillas de uva no tienen un sabor particularmente agradable, son ricas en ácidos grasos, aminoácidos y flavonoides, además de tener un alto contenido de fibra (la cual es el causante de su amargo sabor).

Debido a esto, el consumo de estas semillas puede ayudarte a combatir la psoriasis, el acné y hasta problemas cardiovasculares, además de traerle beneficios a tu piel y tu sistema inmunológico.

Tienen propiedades antioxidantes

La semilla de uva es rica en unos elementos llamados fenólicos, además de tococerol y proantocianidinas, que son grandes antioxidantes para nuestro organismo. Protegen nuestro cuerpo de los radicales libres, lo que ayuda a que nuestros tejidos y nuestros órganos estén protegidos frente a estos elementos. Lo más impresionante es que, gracias a estos antioxidantes, a la Vitamina C y E y al betacaroteno, sus propiedades permanecen en nuestro cuerpo durante tres días, combatiendo eficazmente los elementos nocivos.

Mejoran la circulación y depuran la sangre

Las semillas de uva mejoran nuestra circulación sanguínea, evitan trombos y armonizan nuestra tensión. Los flavonoides presentes también en ellas nos permiten reforzar los vasos sanguíneos; les aportan vigor y fortaleza. Asímismo, consiguen depurar la sangre del exceso de medicamentos y otros elementos nocivos. Estas caracteristicas resultan muy beneficiosas para personas que padezcan cualquier problema cardíaco, además de evitar la caída del cabello y ayudan a deshacernos de la caspa (al ser frotadas en aceite sobre nuestro cuero cabelludo).

Tienen propiedades antiinflamatorias y antibacterianas

Sus propiedades para resolver nuestras inflamaciones o infecciones están ámpliamente probadas. Nos ayudan si sufrimos de artritis, dermatitis, problemas de piel, sinusitis, colitis, gastritis, infección de orina e, incluso, nos depura los intestinos.

Mejoran tus defensas

El sistema inmunológico tiene la tarea de protegerte contra toda clase de virus, infecciones y enfermedades. Cuando éste está débil, pueden invadirte diversas clases de malestares, a veces, al mismo tiempo.

Las semillas de uva te darán el soporte que necesitas durante la época de frío, cuando los resfriados son comunes debido a que bajan tus defensas.

También sería buena idea consumir semillas de uva con frecuencia si tu alimentación no es muy variada o sueles comer fuera de casa.

Desintoxican tus intestinos

El sabor amargo de las semillas de uva se debe a su alto contenido de fibra. Aunque masticarlas puede resultarte desagradable, son perfectas cuando tu tránsito intestinal es lento.

Prueba consumir unas pocas cuando tengas estreñimiento y verás que, en poco tiempo, te olvidas del problema.

Además, al hacer que tus intestinos se limpien, también eliminas rápidamente todas las toxinas que has acumulado.

Favorecen la pérdida de peso

Al ser ricas en fibra, tienen un efecto saciante que evita que comas de más. Además, las semillas de uva contienen enzimas metabolizantes de la grasa. Estas enzimas favorecen la eliminación del exceso de grasa en los órganos internos, como hígado y el corazón, de forma natural y gradual.

¿Cómo puedes consumir las semillas de uva?

La mejor forma de obtener todos los beneficios de la uva es consumiéndolas directamente. Las semillas son tan pequeñas que, en realidad, ni siquiera las notarás.

También puedes consumir las semillas de uva solas (que puedes comprar en herbolarios). En este caso, basta con tomar una cucharada de semillas al día. Para disfrazar un poco su sabor amargo, puedes agregarlas a batidos verdes o a una taza de yogur.

Como puedes ver, las uvas no sólo son ricas y fáciles de consumir; sus semillas también te aportan grandes beneficios a la salud. Durante los meses en que no puedes adquirir uvas frescas, puedes consumir las semillas disponibles en tiendas herbolarias o el aceite de semillas de uva.

via: mejor con salud / mejor con salud (2)  / Journal of American College of Cardiology, 14-18 de marzo de 1993

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